En el Teatro Alberto Paz y Mateo, exactamente a las 4 pm, abrimos el telón, en sus dos únicas funciones 1º y 2 de mayo.
Después de 45 años laborando en un almacén, Jabino Buenaventura queda desempleado, con la conciencia de que el hombre pobre ha nacido para trabajar. Su única esperanza es una carta de recomendación que lo lleva a encontrarse con una sociedad en crisis. Jabino representa el analfabetismo político de una clase social frente al matadero.
TÍTERES TUQUEQUE resume sus ingredientes en inteligencia, ingenio, juego, respeto, reflexión, diversión, color, música y mucho amor. Es lo que esperamos traducir en nuestras obras. CONTACTOS: 04265183917, 04165284399, 02126329376, teatrodetiterestuqueque@gmail.com / Títeres Tuqueque (Facebook) / @titerestuqueque (Twitter)
28 marzo, 2018
10 marzo, 2018
La muerte y el titiritero
Salió de su casa con el teatro al hombro. Iba silbando como todos los domingos y en el camino lo atajó la Muerte. Entonces, el titiritero sacó del bolsillo un títere casi tan viejo como él. Era el Anunciador. Lo calzó en la mano derecha —su acostumbrado cuerpo, su piel— y con la voz del Anunciador le dijo a la Muerte:
—Respetable señora, le ruego espere unos minutos. Él —y señaló al titiritero— jamás llegó tarde a hacer un espectáculo y quiere justificarse. ¿Comprende?
La Muerte dio un paso atrás. El viejo titiritero guardó el títere en el bolsillo. Cruzó la calle. En la esquina había un teléfono público. Metió una moneda en la ranura, marcó un número y dijo:
—Habla el titiritero para disculparse. Hoy no puede hacer la función. Volvió a cruzar la calle con el teatro al hombro. Sabía quién lo estaba esperando en la vereda de enfrente. (Un cuento del maestro andariego Javier Villafañe).
01 marzo, 2018
Cómo hacer un títere
Para docentes o para niños creativos hay muchas recomendaciones de cómo hacer un títere en la titeresante página web española: https://www.titerenet.com/archivo/taller-de-marionetas/
25 febrero, 2018
Proyecto 2018, gracias patrocinantes
FEBRERO nos ha dado trabajo, para los titiriteros, los artistas, trabajar es un hecho feliz... Gracias a nuestros amigos (de muchas partes hemos recibido cariños, escritos, convocatorias y hasta apoyos económicos). Por ellos trabajamos, por los niños a los que llevaremos nuestras obras con su apoyo directo o indirecto; aunque es momento de recesión, piano a piano, lograremos hacer más: nuestros proyectos no llevan la aceleración de otros tiempos. Pero sentimos la cercanía del público que hemos construido con diez años de esfuerzo.
Todas estas señales son importantes. Nos importan hasta las hojas que caen de los árboles.
Como nunca antes, hemos recibido visitas en nuestro espacio, y eso también lo agradecemos.
Gracias a Tulio Acosta, Irma Montana, María Toro y Karl y Burga, quienes han realizado un aporte al proyecto 2018 de Títeres Tuqueque, que publicamos aquí: https://www.youtube.com/watch?v=JPAerk_rFMo.
Recibimos en total 52 $ como aporte al proyecto Marcelina la gallina va al barrio.
La cifra que requeríamos cuando iniciamos la recaudación estaba cifrada en 722 euros. Por la vía de crowfunding declaramos nuestras limitaciones para alcanzar el éxito, ya que por esa vía no recibimos ningún aporte solidario: https://www.kukumiku.com/proyectos/titeres-tuqueque/
Todas estas señales son importantes. Nos importan hasta las hojas que caen de los árboles.
Como nunca antes, hemos recibido visitas en nuestro espacio, y eso también lo agradecemos.
Gracias a Tulio Acosta, Irma Montana, María Toro y Karl y Burga, quienes han realizado un aporte al proyecto 2018 de Títeres Tuqueque, que publicamos aquí: https://www.youtube.com/watch?v=JPAerk_rFMo.
Recibimos en total 52 $ como aporte al proyecto Marcelina la gallina va al barrio.
La cifra que requeríamos cuando iniciamos la recaudación estaba cifrada en 722 euros. Por la vía de crowfunding declaramos nuestras limitaciones para alcanzar el éxito, ya que por esa vía no recibimos ningún aporte solidario: https://www.kukumiku.com/proyectos/titeres-tuqueque/
Sin embargo, agradecemos a los coordinadores de esa página su amable receptividad de nuestro proyecto.
Con el aporte recibido concluiremos la primera parte del proyecto que es la fabricación de los muñecos. El resto corre por nuestra cuenta, y daremos noticias a nuestros patrocinantes cuando demos los primeros pininos de esta idea a favor de la no violencia en las escuelas de los barrios de Caracas.
Agradecemos también el trabajo que hemos recibido a la Fundación para la Cultura y las Artes (Fundarte), porque estuvimos a punto de cerrar nuestro taller, y el trabajo nos da ánimo para continuar.
Muchas gracias.
Nota: Más información sobre el Proyecto 2018: http://teatrodetiterestuqueque.blogspot.com/2017/12/proyecto-2018.html
Con el aporte recibido concluiremos la primera parte del proyecto que es la fabricación de los muñecos. El resto corre por nuestra cuenta, y daremos noticias a nuestros patrocinantes cuando demos los primeros pininos de esta idea a favor de la no violencia en las escuelas de los barrios de Caracas.
Agradecemos también el trabajo que hemos recibido a la Fundación para la Cultura y las Artes (Fundarte), porque estuvimos a punto de cerrar nuestro taller, y el trabajo nos da ánimo para continuar.
Muchas gracias.
Nota: Más información sobre el Proyecto 2018: http://teatrodetiterestuqueque.blogspot.com/2017/12/proyecto-2018.html
21 febrero, 2018
06 febrero, 2018
Pronto... Buenaventura chatarra vuelve a las tablas
Después
de 45 años laborando en un almacén, Jabino Buenaventura queda desempleado, con
la conciencia de que el hombre pobre ha nacido para trabajar. Su única
esperanza es una carta de recomendación que lo lleva a encontrarse con una
sociedad en crisis. Jabino representa el analfabetismo político de una
clase social frente al matadero.
02 febrero, 2018
Sobre Antón Chéjov (Чехов, Антон Павлович)
El mirón de insectos
“En mi próxima obra alguien dirá: qué lugar
tan maravilloso, no hay mosquitos”. Chéjov
El teatro le abrió lentamente el telón hacia 1884.
Pero aquellas obras veinteañeras no tenían lo que iba a conseguir con la
persistencia y el estudio, con la madurez. Ivánov
(1887), por ejemplo, se fue disolviendo en la mediocridad del teatro menor ruso,
pero produjo un vínculo inseparable entre el público —que vio un retrato de
alguien verdadero— y el autor. No era entonces el dramaturgo ni estaban aún el
director o su descubridor en el tiempo. Platónov,
El oso, La boda y El espíritu del bosque siguieron subrayando
sus primeras tentativas o “fracasos” teatrales. Era médico. Poseía conciencia
de artista y el temple del científico. Dijo que su matrimonio era la Medicina y
su amante la Literatura. La muerte le llevaba los papeles donde escribía desde
que en 1883 se dieron los primeros síntomas de la tuberculosis.
En 1895 ya tiene conciencia de lo que quiere hacer
en el teatro. En la narrativa ya era como el monstruo del
relato que fue. “Tengo un tema interesante, pero aun no tengo el desenlace.
Rompo con las convenciones…”. Se trataba de La
gaviota (1896), la pugna generacional entre dos actrices y dos escritores. La
obra, desde luego, fue un fracaso en San Petersburgo. Antón Chéjov (Anton Chekhov), que así se
llama nuestro autor, tenía entonces 38 años, fue acusado de difamación, porque algunos
personajes cercanos fueron identificados en los alrededores de su propia vida,
incluido él como el dramaturgo joven que fracasa. Chéjov promete no escribir
más para teatro.
Nemiróvich Danchenko, quien codirigía con
Stanislavski, descubrió que para hacer un teatro moderno era necesaria una
dramaturgia que sintonizara; insistió en remontar y convenció a su socio, que
se decidió a regañadientes porque no comprendía del todo la
obra. Fue arduo el trabajo. Aún el “método Stanislavski” estaba en gestación, 26
ensayos fueron necesarios para el estreno y se guardaron los detalles naturalistas
más impresionantes. Se oía hasta el murmullo de la naturaleza en la sala. Y sin
embargo, se esperaba un fracaso. Al director le temblaban las piernas sentado
en la platea; Danchenko esperó que finalizara el primer acto desde el vestíbulo.
Chéjov no asistió. La sala no estaba llena. El éxito de aquella puesta del 29
de diciembre de 1898 hizo historia no solo en el Teatro de Arte de Moscú, cuya
nueva sede se estrenó con la gaviota bordada en el telón como homenaje, y Chéjov
se convirtió en el principal dramaturgo ruso.
Era querido y frágil de salud. Cuando se va a
estrenar El tío Vania, en 1899, está
recluido en Crimea. Todo el Teatro de Arte va allí, en un hecho insólito, a
mostrarse en un ensayo ante el creador. Se mueven escenografías, utilería,
actores, director y técnicos.
Skabiechevski opinaría de las obras de Chéjov como “serie de anécdotas que presentan las características del vaudeville,
escritas para hacer reír a los lectores”. Y Mijailovski dijo: “escribe tal como le
sale, sin ninguna emoción y sin ninguna emoción se lee”. También lo llamaron
“contemplador de estrellas”, “mirón de insectos”, “profeta de la objetividad”,
“indiferente” y “apóstol sin principios”.
Chéjov, que evadía teorizar, solo contestó cuando lo
acusaron de no tener principios. El
jardín de los cerezos (1904) es precisamente una crítica a eso de lo que lo
acusaban en lo personal, y que algunos de sus críticos no sabían apreciar.
“Trato —dijo— de equilibrar la mentira y la verdad de mis personajes”. En carta
a su amigo editor Suvorin, explica: “El autor no tiene por qué ser juez de sus
personajes ni de lo que estos dicen; sólo debe ser un testigo imparcial”.
Por eso, en El
jardín de los cerezos los personajes nos parecen a veces superficiales. No
son tan retóricos ni psicológicos, no aparentan gran profundidad individual,
juegan su papel en una realidad que parece vista por el médico, y es el público
el que puede juzgar. Sin embargo son seres de este mundo.
Parecen expuestos por un fotógrafo que retrata de
forma realista, impersonal, a unos enfermos, atrapados por sus propios destinos.
No se lee afán didáctico ni moralista, ni humorista o dramático, aunque de todo
hay con moderación. Los personajes muestran emociones y creencias,
problemas o dificultades existenciales a través, especialmente, de matices y
sugerencias en los que pueden estar implícitas las preocupaciones del autor. Los
personajes son los seres más “comunes”, no heroicos, más bien derrotados y en proceso
de hundimiento casi siempre cómico o patético. Su trivialidad esconde la
verdadera profundidad de ellos y del creador.
Como lo advierte el gran Marc Slonim, hay dos aspectos
que atraviesan las obras de Chéjov: la estupidez y la vanidad, “seres
infelices, víctimas de sus propias ilusiones y debilidades”. “Futilidad y
fatalidad de los acontecimientos cotidianos”, “aburrimiento y trivialidad”,
como en El tío Vania. “Aspiraciones
incumplidas e insatisfacción individual”, en Las tres hermanas.
En El jardín
de los cerezos Chéjov representa el cambio de un modo de vida agotado y su paso
hacia una nueva sociedad. La derrota que libran los sucesos triviales, la
melancolía de las fortunas perdidas, la incapacidad de comunicación o la elusión
de los problemas, la compleja red amorosa de las personas comunes y el
aburrimiento que se desarrolla cuando los sujetos no van hacia ninguna parte.
31 diciembre, 2017
Proyecto 2018

Soy una titiritera que intenta llevar información útil y divertida a niños y niñas de Caracas.
Mis principios son inteligencia, juego, respeto, reflexión, diversión y mucho amor.
He llevado mi compañía a más de 100 mil niños en diez años de agrupación.
Cada una de nuestras obras reúne artistas de distintas disciplinas para garantizar un resumen de mucha calidad.
Mi meta 2018 es llegar a 30 mil niños de zonas excluidas por la dinámica social de la gran ciudad (donde generalmente el teatro no itinerante no llega).
En 2018 cumplo 23 años de titiritera y 10 de directora.
Invito a los estudiantes del teatro de títeres y al público en general a participar de esta nueva creación, que nos ocupará enero, febrero y marzo antes de iniciar las funciones en escuelas.

Nuestro proyecto "Marcelina, la gallina" es una obra sobre la libertad, la paz, la tolerancia y la capacidad de cambio del agente de la violencia. Una obra para sembrar en el corazón infantil una esperanza y optimismo: ganas de vivir y de compartir acciones buenas por el prójimo. Interés en reducir depredadores con inteligencia e incorporarlos al espíritu solidario que debe reinar en nuestros corazones.
Se aceptan colaboradores, "mecenas", aportes solidarios a este proyecto. Anótense o ayuden a difundir. Gracias por colaborar


https://www.youtube.com/watch?v=JPAerk_rFMo

https://www.youtube.com/watch?v=JPAerk_rFMo
28 diciembre, 2017
De venta marionetas de "La bicicleta", agrupación Los Alkilados
Saludos, lector: Con el fin de desarrollar nuestra próxima obra de teatro de títeres: "Marcelina, la gallina" presentamos un pdf con nuestro proyecto 2018: "Con Marcelina, la gallina vamos al barrio". Allí colocamos los fines de nuestra agrupación y ponemos a la venta marionetas de colección utilizadas por la agrupación Los alkilados para su videoclips "La bicicleta". También ofrecemos otros títeres de menor costo. Esta propuesta implica un esfuerzo por garantizar la realización de nuestras obras y el sostenimiento de nuestra compañía, la más conocida de Venezuela, logro de diez años de trayectoria en los mejores espacios escénicos del país. Si te es posible participar como "mecenas" mucho te agradeceré comunicarte señalar el títere de tu interés, en cuyo caso envianos tu dirección postal. Los dos guiñoles y las marionetas son piezas únicas, por favor, avisar puesto que pudiese coincidir con el compromiso de otra persona a quien también estamos dirigiendo este correo. Gracias.
21 octubre, 2017
La Navidad en teatro de títeres
En esta historia de títeres se juntan unos juguetes que nadie pide en las cartas al niño Jesús;
un duende, caído del Trineo de San Nicolás;
un mercader llamado Abel Moll; el cocinero Chucho, famoso hacedor de platos tradicionales; unos parranderos y la viejita Doñana, una abuela que guarda las tradiciones navideñas venezolanas, quien ayudará a resolver la cosa más sencilla: entender que no es importante el regalo sino el amor con el que se da y la ilusión con que se recibe.


18 octubre, 2017
LOS TÍTERES DE GARCÍA LORCA EN EL TEATRO AVENIDA DE BUENOS AIRES. 1934. POR PABLO L. MEDINA
La presencia de Federico García Lorca en Buenos Aires entre el 13 de octubre 1933 y 26 de marzo de 1934 fue un acontecimiento inigualable en el ámbito de la cultura argentina. Invitado de manera especial por Amigos del Arte que dirigía Elena Sansinena para dar cuatro conferencias en el salón Van Riel y por la compañía de la actriz Lola Membrives para las cien representaciones de Bodas de Sangre, de su autoría y el reestreno de ésta en el célebre Teatro Avenida. Por ese entonces uno de los más importantes teatros de Buenos Aires dedicado al arte español de la zarzuela. Aquí mismo la compañía de la actriz argentina Lola Membrives estrenó La Zapatera prodigiosa y Mariana Pineda.

El éxito de Lorca por su obra en cuanto a originalidad y recepción del público en todos estos puestas teatrales, fue difundido por la prensa especializada en el arte del teatro de manera precisa y elogiosa. El testimonio del propio Federico en una carta enviada a su familia en los últimos días de octubre de 1933 es testimonial y elocuente.
Queridos Padres y hermanos, ya se celebró el estreno de Bodas que constituyó por la prensa que os mando por barco, un verdadero escandalazo. Yo no he visto en mi vida una cosa igual de entusiasmo y cariño. El Gran Teatro Avenida es como diez veces el Teatro Español de Madrid, uno de esos inmensos teatros de América, y estaba totalmente ocupado por una muchedumbre que estaba de pie en los pasillos y colgada del techo. El teatro tiene cien palcos que ocupaba lo mejor de la sociedad de aquí y el resto, abarrotado.
Todo estaba ahí, en la Avenida de Mayo, apodada desde poco tiempo de su inauguración en el año 1894, en la Avenida de los españoles. Lorca se encontró con una calle hecha para él. Los cafés: el Berna, los 36 Billares, el Hotel Castelar y su confitería, donde además funcionó Radio Stentor y la Peña Signo, lugares donde fue habitué Federico. Pasando la Avenida 9 de Julio, el famoso café Tortoni, donde se conserva la mesa que ocupaba para tomar café y reunirse con sus amigos. Finalmente, la Plaza de Mayo de las palomas, donde jugaba y corría alborotando a las mismas. Ricardo Llanes, el historiador de la Avenida de Mayo y de las Plazas de Buenos Aires recuerda así aquellos tiempos de esta arteria luminosa y activa de los años treinta:
La Avenida de Mayo, insinuación y presencia de lo andaluz y madrileño, castañuelas y sabor de jerez puro, el calañes, el peinetón y la mantilla. Todo eso, con el vocabulario sonoro de cordialísima franqueza se desparramó por sus veredas repletas de mesas familiares y rebosó en sus copas florecidas de invitaciones. Si sus aceras siempre se extendieron a lo ancho, con espíritu de comunidad simpática y acogedora. Costumbre pública de lo madrileño que da sabor al café de la tarde y mayor gusto al aperitivo de la noche, y que nunca fue posible en Corrientes, la internacional, ni en Callao, la residencial y aristocrática[3].
En el final de su estadía, poco antes de su partida a España en marzo de 1934, Federico García Lorca decidió ofrecer un homenaje especial a sus amigos periodistas, artistas, poetas, y a su público de Buenos Aires, el cual consistió en un espectáculo de títeres.
Federico, conocedor y gran amante de este arte, pidió la colaboración del conocido pintor Ernesto Arancibia y el escenógrafo y acuarelista Jorge Larco, quienes se sumaron de inmediato al proyecto. De acuerdo a las sugerencias de Federico García Lorca, se modelaron los títeres y los decorados para las tres representaciones que fueron seleccionadas. Los Dos habladores de Cervantes, las Euménides de Esquilo, y el Retablillo de Don Cristóbal y Doña Rosita, escrita expresamente por García Lorca para esta función, como aparece en el programa original. Además contó con la realización de los trajes y decorados de Manuel Fontanals que también pintó la portada del retablo. Manipularon los títeres, actores de la compañía de Lola Membrives. El entusiasmo y la curiosidad que despertó este plan urdido por la genialidad creativa de Federico, se anticipó en la prensa local con mucha repercusión. Los presentes de esa noche del domingo 25 de marzo en el Avenida, gozaron, rieron y aplaudieron reiteradamente las ocurrencias de los muñecos. Entre otras personalidades invitadas, estuvieron, Oliverio Girondo, Norah Lange, Pablo Rojas Paz, Pablo Neruda, José González Carvhalo, César Tiempo, Amado Villar, Javier Villafañe, Pablo Suero, Edmundo Guibourg, María Rosa Oliver, la Rubia Rojas Paz, González Tuñón, Enrique Amorín y la lista sigue.
TOMADO DE
http://www.titeresante.es/2017/05/los-titeres-de-federico-garcia-lorca-en-el-teatro-avenida-de-buenos-aires-25-de-marzo-de-1934-por-pablo-l-medina/
El éxito de Lorca por su obra en cuanto a originalidad y recepción del público en todos estos puestas teatrales, fue difundido por la prensa especializada en el arte del teatro de manera precisa y elogiosa. El testimonio del propio Federico en una carta enviada a su familia en los últimos días de octubre de 1933 es testimonial y elocuente.
Queridos Padres y hermanos, ya se celebró el estreno de Bodas que constituyó por la prensa que os mando por barco, un verdadero escandalazo. Yo no he visto en mi vida una cosa igual de entusiasmo y cariño. El Gran Teatro Avenida es como diez veces el Teatro Español de Madrid, uno de esos inmensos teatros de América, y estaba totalmente ocupado por una muchedumbre que estaba de pie en los pasillos y colgada del techo. El teatro tiene cien palcos que ocupaba lo mejor de la sociedad de aquí y el resto, abarrotado.
Todo estaba ahí, en la Avenida de Mayo, apodada desde poco tiempo de su inauguración en el año 1894, en la Avenida de los españoles. Lorca se encontró con una calle hecha para él. Los cafés: el Berna, los 36 Billares, el Hotel Castelar y su confitería, donde además funcionó Radio Stentor y la Peña Signo, lugares donde fue habitué Federico. Pasando la Avenida 9 de Julio, el famoso café Tortoni, donde se conserva la mesa que ocupaba para tomar café y reunirse con sus amigos. Finalmente, la Plaza de Mayo de las palomas, donde jugaba y corría alborotando a las mismas. Ricardo Llanes, el historiador de la Avenida de Mayo y de las Plazas de Buenos Aires recuerda así aquellos tiempos de esta arteria luminosa y activa de los años treinta:
La Avenida de Mayo, insinuación y presencia de lo andaluz y madrileño, castañuelas y sabor de jerez puro, el calañes, el peinetón y la mantilla. Todo eso, con el vocabulario sonoro de cordialísima franqueza se desparramó por sus veredas repletas de mesas familiares y rebosó en sus copas florecidas de invitaciones. Si sus aceras siempre se extendieron a lo ancho, con espíritu de comunidad simpática y acogedora. Costumbre pública de lo madrileño que da sabor al café de la tarde y mayor gusto al aperitivo de la noche, y que nunca fue posible en Corrientes, la internacional, ni en Callao, la residencial y aristocrática[3].
En el final de su estadía, poco antes de su partida a España en marzo de 1934, Federico García Lorca decidió ofrecer un homenaje especial a sus amigos periodistas, artistas, poetas, y a su público de Buenos Aires, el cual consistió en un espectáculo de títeres.
Federico, conocedor y gran amante de este arte, pidió la colaboración del conocido pintor Ernesto Arancibia y el escenógrafo y acuarelista Jorge Larco, quienes se sumaron de inmediato al proyecto. De acuerdo a las sugerencias de Federico García Lorca, se modelaron los títeres y los decorados para las tres representaciones que fueron seleccionadas. Los Dos habladores de Cervantes, las Euménides de Esquilo, y el Retablillo de Don Cristóbal y Doña Rosita, escrita expresamente por García Lorca para esta función, como aparece en el programa original. Además contó con la realización de los trajes y decorados de Manuel Fontanals que también pintó la portada del retablo. Manipularon los títeres, actores de la compañía de Lola Membrives. El entusiasmo y la curiosidad que despertó este plan urdido por la genialidad creativa de Federico, se anticipó en la prensa local con mucha repercusión. Los presentes de esa noche del domingo 25 de marzo en el Avenida, gozaron, rieron y aplaudieron reiteradamente las ocurrencias de los muñecos. Entre otras personalidades invitadas, estuvieron, Oliverio Girondo, Norah Lange, Pablo Rojas Paz, Pablo Neruda, José González Carvhalo, César Tiempo, Amado Villar, Javier Villafañe, Pablo Suero, Edmundo Guibourg, María Rosa Oliver, la Rubia Rojas Paz, González Tuñón, Enrique Amorín y la lista sigue.
TOMADO DE
http://www.titeresante.es/2017/05/los-titeres-de-federico-garcia-lorca-en-el-teatro-avenida-de-buenos-aires-25-de-marzo-de-1934-por-pablo-l-medina/
12 octubre, 2017
El maestro ruso del teatro de títeres
¿Qué es lo esencial en el arte? Lo más importante es ver.
Ver la vida en todas sus manifestaciones alrededor de sí misma:
discernir no solo lo importante, también lo que puede
parecer secundario y fortuito. Debemos saber cómo registrar
todo lo que vemos para comprender su significado
y la relación entre lo grande y lo pequeño, para saber
cómo extraer lo grande que a veces encontramos en lo pequeño
y, a la inversa, lo pequeño en lo grande.
Obraztsov
Hubo en la historia del teatro de títeres un moscovita monumental, Serguei Obraztsov. Nació en 1901. Su juventud lo puso en el teatro y militó en aquella corriente en que se buscaba la ruptura; como todo, el arte de la postguerra, algo dramático daría nacimiento a obras felices. En el teatro se debatían nuevas cosas a la vista de un espectador en formación. Justamente cuando el mundo eclosionaba y todo se enfrentaba a una crisis de sentido, a veces futurista, surreal, física, violenta; otras veces muy racional o formalista.
Quería ser pintor; se deleitaba mirando la naturaleza y la gente. Su madre era maestra de lengua rusa, su padre, ingeniero de transporte. No se cansaba de jugar; y allí probablemente encontró el secreto de ser feliz haciendo feliz a la gente.
Las artes lo atraían, aunque su familia no estaba cerca del fenómeno teatral. Porque buscaba mucho, encontraba, la ópera y la actuación lo encontraron a él y lo pusieron en el camino.
Pudo haberse quedado en el mundo actoral, ese ambiente donde el ego vestía de personaje. Pero estaba hecho para la humildad. Consciente de la diferencia de que un actor usara su cuerpo como representante frente a que el personaje representara al actor: una batalla clave desvanecía la vanidad.
Su escuela había sido Stanislavski. Su inquietud se ubicó en la diversidad de interpretaciones que suscitaba el maestro de la actuación, y cómo nunca pudo conocer a plenitud su pensamiento teórico, seguía buscando. Así apareció como uno de los hombre de negro en El pájaro azul de Maeterlink:
«Mi obligación técnica consistía en agitar un palo negro para que ondeara en el aire un largo trozo de tul. Pero esta obligación técnica, esta tarea mecánica, se transformaba en la práctica en una misión escénica, ya que con ese trozo de tul debía representar el vuelo de un fantasma. Por tanto, no se trataba simplemente de agitar el el palo de un lado para otro, sino de seguir el vuelo del trozo de tul para sentir la impetuosidad o suavidad de ese vuelo, de su carácter espantoso, es decir, crear la imagen de un fantasma... se trataba ya de la actuación escénica, pues el espectador veía al fantasma creado por mí, y yo lo sabía, lo percibía». (Obraztsov, Mi profesión: 1950)
Lo cierto es que un día viró casi completamente, se salió del Método, y se entregó al teatro de muñecos. Un arte complejo, casi siempre subestimado. Comenzó fracasando. Su ánimo hacedor hizo enfrentarse a la creación de sus primeros títeres. Ensayo y error: darle vida a lo inanimado. Un día el mismísimo Stanislavski fue su espectador. El maestro temblaba, dudaba acerca de ser él mismo el titiritero; de someterse a semejante prueba. Los aplausos estuvieron de su lado, fruto de su ingenio y de esfuerzo obsesivo. Precisamente en ese evento su carrera de actor bajaba el telón; y el teatro de títeres más importante de la historia abría la escena. Tenía 30 años cuando fundó en 1931 el Teatro Estatal de Títeres Central de Moscú, tenía por delante los sesenta años de labor que lo llevarían a una muerte llena de honores para la cultura.
Su teatro se convirtió en una poderosa institución cultural de la Unión Soviética. Una embajada que recorríría el mundo entero como símbolo de amistad entre los pueblos. En Teherán, en 1943, se presentó como un regalo singular para espectadores históricos en la historia de la paz mundial: Churchill, Stalin y Roosevelt estaban allí, disfrutando de un teatro singular: los muñecos de caña de Java, que serían un emblema de Obraztsov, por la gracia, lo singular, la novedad, el acierto. Hasta seis titiriteros manipulando un solo títere.
Serguei Obraztsov exploró casi todas las posibilidades de un teatro de muñecos para todo público. Pasó del argumento perfecto al discurso donde el objeto es parte activa de la construcción del guión; es decir, donde la historia se construye también a partir de las cualidades del muñeco. La calidad de sus interpretaciones hicieron lucir con una gran singularidad historias como la de Aladino y Don Juan.
Carmen Luz Maturana, en una nota publicada en La Hoja del Titiritero, n.º 11, advierte su negativa a convencer mediante razonamientos o argumentaciones: «sólo el espectáculo debía convencer al espectador». Y añade: «Analizaba los por qué de sus logros o incapacidades escénicas. Frente al rechazo a alguno de sus espectáculos trataba de entender la causa. En esa búsqueda lograba teorizar y entender su arte. Desde su perspectiva de trabajo, discurría sobre el tema, el argumento, la expresión. Esa autocrítica era la posibilidad de superarse a sí mismo en su profesión».
Lo desvelaba alcanzar la satisfacción del público. Parte de su aprendizaje quedó en su libro Mi profesión, escrito en 1950:
«El muñeco ha sido creado precisamente para moverse. Sólo el movimiento le da vida y sólo en el carácter de su movimiento surge lo que denominamos conducta. Y en la conducta física del muñeco nace su imagen. Naturalmente el texto (si lo hay) tiene enorme importancia, pero cuando las palabras que pronuncia el muñeco no se materializan en sus ademanes, se apartan de él y penden del aire. El ademán y el movimiento pueden existir sin la palabra, pero la palabra sin el además es imposible, como regla general, en todo papel y más aún en un papel interpretado por un muñeco».
https://www.youtube.com/watch?v=uvswPD3vrwk.
Quería ser pintor; se deleitaba mirando la naturaleza y la gente. Su madre era maestra de lengua rusa, su padre, ingeniero de transporte. No se cansaba de jugar; y allí probablemente encontró el secreto de ser feliz haciendo feliz a la gente.
Las artes lo atraían, aunque su familia no estaba cerca del fenómeno teatral. Porque buscaba mucho, encontraba, la ópera y la actuación lo encontraron a él y lo pusieron en el camino.
Pudo haberse quedado en el mundo actoral, ese ambiente donde el ego vestía de personaje. Pero estaba hecho para la humildad. Consciente de la diferencia de que un actor usara su cuerpo como representante frente a que el personaje representara al actor: una batalla clave desvanecía la vanidad.
Su escuela había sido Stanislavski. Su inquietud se ubicó en la diversidad de interpretaciones que suscitaba el maestro de la actuación, y cómo nunca pudo conocer a plenitud su pensamiento teórico, seguía buscando. Así apareció como uno de los hombre de negro en El pájaro azul de Maeterlink:
«Mi obligación técnica consistía en agitar un palo negro para que ondeara en el aire un largo trozo de tul. Pero esta obligación técnica, esta tarea mecánica, se transformaba en la práctica en una misión escénica, ya que con ese trozo de tul debía representar el vuelo de un fantasma. Por tanto, no se trataba simplemente de agitar el el palo de un lado para otro, sino de seguir el vuelo del trozo de tul para sentir la impetuosidad o suavidad de ese vuelo, de su carácter espantoso, es decir, crear la imagen de un fantasma... se trataba ya de la actuación escénica, pues el espectador veía al fantasma creado por mí, y yo lo sabía, lo percibía». (Obraztsov, Mi profesión: 1950)
Su teatro se convirtió en una poderosa institución cultural de la Unión Soviética. Una embajada que recorríría el mundo entero como símbolo de amistad entre los pueblos. En Teherán, en 1943, se presentó como un regalo singular para espectadores históricos en la historia de la paz mundial: Churchill, Stalin y Roosevelt estaban allí, disfrutando de un teatro singular: los muñecos de caña de Java, que serían un emblema de Obraztsov, por la gracia, lo singular, la novedad, el acierto. Hasta seis titiriteros manipulando un solo títere.
Serguei Obraztsov exploró casi todas las posibilidades de un teatro de muñecos para todo público. Pasó del argumento perfecto al discurso donde el objeto es parte activa de la construcción del guión; es decir, donde la historia se construye también a partir de las cualidades del muñeco. La calidad de sus interpretaciones hicieron lucir con una gran singularidad historias como la de Aladino y Don Juan.
Carmen Luz Maturana, en una nota publicada en La Hoja del Titiritero, n.º 11, advierte su negativa a convencer mediante razonamientos o argumentaciones: «sólo el espectáculo debía convencer al espectador». Y añade: «Analizaba los por qué de sus logros o incapacidades escénicas. Frente al rechazo a alguno de sus espectáculos trataba de entender la causa. En esa búsqueda lograba teorizar y entender su arte. Desde su perspectiva de trabajo, discurría sobre el tema, el argumento, la expresión. Esa autocrítica era la posibilidad de superarse a sí mismo en su profesión».
Lo desvelaba alcanzar la satisfacción del público. Parte de su aprendizaje quedó en su libro Mi profesión, escrito en 1950:
«El muñeco ha sido creado precisamente para moverse. Sólo el movimiento le da vida y sólo en el carácter de su movimiento surge lo que denominamos conducta. Y en la conducta física del muñeco nace su imagen. Naturalmente el texto (si lo hay) tiene enorme importancia, pero cuando las palabras que pronuncia el muñeco no se materializan en sus ademanes, se apartan de él y penden del aire. El ademán y el movimiento pueden existir sin la palabra, pero la palabra sin el además es imposible, como regla general, en todo papel y más aún en un papel interpretado por un muñeco».
Para obtener esa conciencia del movimiento como la clave del discurso de un muñeco, de la «conducta», del «ademán» y la cualidad del texto para el teatro de muñecos, estudió como nadie:
«Estudié anatomía y entendí el mecanismo y el material para el cuerpo humano. Modelé la arcilla y aprendí a representar el movimiento de los volúmenes en el espacio. En la Facultad de Grabado y Dibujo estudié grabado sobre madera y sobre linóleo, litografía. Amé el olor a colores, madera, pega. Amé el mundo de las cosas. Un director de teatro de títeres, donde la imagen se materializa al máximo (condensada, simbolizada) necesita para pensar conocer materiales, manufactura, volumen, medidas, herramientas».
«Estudié anatomía y entendí el mecanismo y el material para el cuerpo humano. Modelé la arcilla y aprendí a representar el movimiento de los volúmenes en el espacio. En la Facultad de Grabado y Dibujo estudié grabado sobre madera y sobre linóleo, litografía. Amé el olor a colores, madera, pega. Amé el mundo de las cosas. Un director de teatro de títeres, donde la imagen se materializa al máximo (condensada, simbolizada) necesita para pensar conocer materiales, manufactura, volumen, medidas, herramientas».
Alcanzó 91 años, admirado y querido en todo el mundo. Había representado 60 obras de muñecos cuando se durmió. Dejó esta frase entre las estrellas: «Si mis sueños pudieran ser reales».
Elaine Méndez y Gabriel González
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