18 julio, 2018

EL EFECTO TUQUEQUE

Con los años hemos perdido muchísimas fotos de nuestras funciones. Pero estas imágenes perviven en nuestra memoria. El efecto Tuqueque es el mismo en espacios grandes como en fiestas privadas: ¡nos llenamos de sonrisas!








07 julio, 2018

Una obra llena de belleza y humor
















La ratoncita Hortencia se encuentra una moneda y ya quiere comprar el vestido para conquistar a un novio, pero no un ratoncito, menudo y sin importancia; quiere conseguirse con un novio grande e importante, pero ninguno, ninguno de los pretendientes que la visitan le satisface y los que ella admira no pueden casarse con ella porque siempre hay alguien más importante en el camino. Hasta que se consigue con aquel que no le conviene. Al final, la clásica enseñanza: "que los seres más pequeños son importantes también".

Nuestra versión reune imágenes de dos clásicos: la fábula de Esopo, con aquello de quién le pone el cascabel al gato; y de Aquiles Nazoa y su obra de teatro infantil. Pero van además los ingredientes de nuestra compañía de títeres: el humor, la belleza plástica y la simplicidad del montaje.

La Ratoncita presumida presenta la reunión de la fábula sobre quién le pone el cascabel al gato y el cuento clásico que todos conocemos, llevando entre sus palabras algunos versos de nuestro poeta nacional Aquiles Nazoa. Los valores de la humildad, la inteligencia y el amor van en contraste con la presunción, que es lo que inicialmente mueve a la protagonista. Así, los niños hallan en esta historia un motivo inspirador para el decoro que debe tener todo ser humano en su paso por la vida.

Dirección: Elaine Méndez
Guión: Elaine Méndez y Gabriel González
Intérpretes: Elaine Méndez-Silder Briceño
Realización: Elaine Méndez y Noelia Rojas
Vestuarios: Flor Ledos y Noelia Rojas
Esculturas y moldes: David Morales
Maquillaje de muñecos: Arnaldo Montes de Oca, David Morales y Noelia Rojas
Teatrino: Gabriel González
Composición musical: Juan Carlos Aleixandre
Efectos especiales sonoros: Kevin Alba
Musicalización: Gabriel González

28 marzo, 2018

Buenaventura chatarra en el Teatro Alberto Paz y Mateo

En el Teatro Alberto Paz y Mateo, exactamente a las 4 pm, abrimos el telón, en sus dos únicas funciones 1º y 2 de mayo.

Después de 45 años laborando en un almacén, Jabino Buenaventura queda desempleado, con la conciencia de que el hombre pobre ha nacido para trabajar. Su única esperanza es una carta de recomendación que lo lleva a encontrarse con una sociedad en crisis. Jabino representa el analfabetismo político de una clase social frente al matadero.


10 marzo, 2018

La muerte y el titiritero


   Salió de su casa con el teatro al hombro. Iba silbando como todos los domingos y en el camino lo atajó la Muerte. Entonces, el titiritero sacó del bolsillo un títere casi tan viejo como él. Era el Anunciador. Lo calzó en la mano derecha —su acostumbrado cuerpo, su piel— y con la voz del Anunciador le dijo a la Muerte:
 —Respetable señora, le ruego espere unos minutos. Él —y señaló al titiritero— jamás llegó tarde a hacer un espectáculo y quiere justificarse. ¿Comprende?
La Muerte dio un paso atrás. El viejo titiritero guardó el títere en el bolsillo. Cruzó la calle. En la esquina había un teléfono público. Metió una moneda en la ranura, marcó un número y dijo:
—Habla el titiritero para disculparse. Hoy no puede hacer la función. Volvió a cruzar la calle con el teatro al hombro. Sabía quién lo estaba esperando en la vereda de enfrente. (Un cuento del maestro andariego Javier Villafañe).

01 marzo, 2018

Cómo hacer un títere

Para docentes o para niños creativos hay muchas recomendaciones de cómo hacer un títere en la titeresante página web española: https://www.titerenet.com/archivo/taller-de-marionetas/

25 febrero, 2018

Proyecto 2018, gracias patrocinantes

FEBRERO nos ha dado trabajo, para los titiriteros, los artistas, trabajar es un hecho feliz... Gracias a nuestros amigos (de muchas partes hemos recibido cariños, escritos, convocatorias y hasta apoyos económicos). Por ellos trabajamos, por los niños a los que llevaremos nuestras obras con su apoyo directo o indirecto; aunque es momento de recesión, piano a piano, lograremos hacer más: nuestros proyectos no llevan la aceleración de otros tiempos. Pero sentimos la cercanía del público que hemos construido con diez años de esfuerzo.
Todas estas señales son importantes. Nos importan hasta las hojas que caen de los árboles.
Como nunca antes, hemos recibido visitas en nuestro espacio, y eso también lo agradecemos.
Gracias a Tulio Acosta, Irma Montana, María Toro y Karl y Burga, quienes han realizado un aporte al proyecto 2018 de Títeres Tuqueque, que publicamos aquí: https://www.youtube.com/watch?v=JPAerk_rFMo.
Recibimos en total 52 $ como aporte al proyecto Marcelina la gallina va al barrio.
La cifra que requeríamos cuando iniciamos la recaudación estaba cifrada en 722 euros. Por la vía de crowfunding declaramos nuestras limitaciones para alcanzar el éxito, ya que por esa vía no recibimos ningún aporte solidario: https://www.kukumiku.com/proyectos/titeres-tuqueque/
Sin embargo, agradecemos a los coordinadores de esa página su amable receptividad de nuestro proyecto.
Con el aporte recibido concluiremos la primera parte del proyecto que es la fabricación de los muñecos. El resto corre por nuestra cuenta, y daremos noticias a nuestros patrocinantes cuando demos los primeros pininos de esta idea a favor de la no violencia en las escuelas de los barrios de Caracas.
Agradecemos también el trabajo que hemos recibido a la Fundación para la Cultura y las Artes (Fundarte), porque estuvimos a punto de cerrar nuestro taller, y el trabajo nos da ánimo para continuar.
Muchas gracias.

Nota: Más información sobre el Proyecto 2018: http://teatrodetiterestuqueque.blogspot.com/2017/12/proyecto-2018.html


06 febrero, 2018

Pronto... Buenaventura chatarra vuelve a las tablas

Después de 45 años laborando en un almacén, Jabino Buenaventura queda desempleado, con la conciencia de que el hombre pobre ha nacido para trabajar. Su única esperanza es una carta de recomendación que lo lleva a encontrarse con una sociedad en crisis. Jabino representa el analfabetismo político de una clase social frente al matadero.



02 febrero, 2018

Sobre Antón Chéjov (Чехов, Антон Павлович)

El mirón de insectos
Gabriel González y Elaine Méndez




“En mi próxima obra alguien dirá: qué lugar tan maravilloso, no hay mosquitos”. Chéjov

El teatro le abrió lentamente el telón hacia 1884. Pero aquellas obras veinteañeras no tenían lo que iba a conseguir con la persistencia y el estudio, con la madurez. Ivánov (1887), por ejemplo, se fue disolviendo en la mediocridad del teatro menor ruso, pero produjo un vínculo inseparable entre el público —que vio un retrato de alguien verdadero— y el autor. No era entonces el dramaturgo ni estaban aún el director o su descubridor en el tiempo. Platónov, El oso, La boda y El espíritu del bosque siguieron subrayando sus primeras tentativas o “fracasos” teatrales. Era médico. Poseía conciencia de artista y el temple del científico. Dijo que su matrimonio era la Medicina y su amante la Literatura. La muerte le llevaba los papeles donde escribía desde que en 1883 se dieron los primeros síntomas de la tuberculosis.
En 1895 ya tiene conciencia de lo que quiere hacer en el teatro. En la narrativa ya era como el monstruo del relato que fue. “Tengo un tema interesante, pero aun no tengo el desenlace. Rompo con las convenciones…”. Se trataba de La gaviota (1896), la pugna generacional entre dos actrices y dos escritores. La obra, desde luego, fue un fracaso en San Petersburgo. Antón Chéjov (Anton Chekhov), que así se llama nuestro autor, tenía entonces 38 años, fue acusado de difamación, porque algunos personajes cercanos fueron identificados en los alrededores de su propia vida, incluido él como el dramaturgo joven que fracasa. Chéjov promete no escribir más para teatro.
Nemiróvich Danchenko, quien codirigía con Stanislavski, descubrió que para hacer un teatro moderno era necesaria una dramaturgia que sintonizara; insistió en remontar y convenció a su socio, que se decidió a regañadientes porque no comprendía del todo la obra. Fue arduo el trabajo. Aún el “método Stanislavski” estaba en gestación, 26 ensayos fueron necesarios para el estreno y se guardaron los detalles naturalistas más impresionantes. Se oía hasta el murmullo de la naturaleza en la sala. Y sin embargo, se esperaba un fracaso. Al director le temblaban las piernas sentado en la platea; Danchenko esperó que finalizara el primer acto desde el vestíbulo. Chéjov no asistió. La sala no estaba llena. El éxito de aquella puesta del 29 de diciembre de 1898 hizo historia no solo en el Teatro de Arte de Moscú, cuya nueva sede se estrenó con la gaviota bordada en el telón como homenaje, y Chéjov se convirtió en el principal dramaturgo ruso.
Era querido y frágil de salud. Cuando se va a estrenar El tío Vania, en 1899, está recluido en Crimea. Todo el Teatro de Arte va allí, en un hecho insólito, a mostrarse en un ensayo ante el creador. Se mueven escenografías, utilería, actores, director y técnicos.
Skabiechevski opinaría de las obras de Chéjov como “serie de anécdotas que presentan las características del vaudeville, escritas para hacer reír a los lectores”. Y Mijailovski dijo: “escribe tal como le sale, sin ninguna emoción y sin ninguna emoción se lee”. También lo llamaron “contemplador de estrellas”, “mirón de insectos”, “profeta de la objetividad”, “indiferente” y “apóstol sin principios”.
Chéjov, que evadía teorizar, solo contestó cuando lo acusaron de no tener principios. El jardín de los cerezos (1904) es precisamente una crítica a eso de lo que lo acusaban en lo personal, y que algunos de sus críticos no sabían apreciar. “Trato —dijo— de equilibrar la mentira y la verdad de mis personajes”. En carta a su amigo editor Suvorin, explica: “El autor no tiene por qué ser juez de sus personajes ni de lo que estos dicen; sólo debe ser un testigo imparcial”.
Por eso, en El jardín de los cerezos los personajes nos parecen a veces superficiales. No son tan retóricos ni psicológicos, no aparentan gran profundidad individual, juegan su papel en una realidad que parece vista por el médico, y es el público el que puede juzgar. Sin embargo son seres de este mundo.
Parecen expuestos por un fotógrafo que retrata de forma realista, impersonal, a unos enfermos, atrapados por sus propios destinos. No se lee afán didáctico ni moralista, ni humorista o dramático, aunque de todo hay con moderación. Los personajes muestran emociones y creencias, problemas o dificultades existenciales a través, especialmente, de matices y sugerencias en los que pueden estar implícitas las preocupaciones del autor. Los personajes son los seres más “comunes”, no heroicos, más bien derrotados y en proceso de hundimiento casi siempre cómico o patético. Su trivialidad esconde la verdadera profundidad de ellos y del creador.
Como lo advierte el gran Marc Slonim, hay dos aspectos que atraviesan las obras de Chéjov: la estupidez y la vanidad, “seres infelices, víctimas de sus propias ilusiones y debilidades”. “Futilidad y fatalidad de los acontecimientos cotidianos”, “aburrimiento y trivialidad”, como en El tío Vania. “Aspiraciones incumplidas e insatisfacción individual”, en Las tres hermanas.
En El jardín de los cerezos Chéjov representa el cambio de un modo de vida agotado y su paso hacia una nueva sociedad. La derrota que libran los sucesos triviales, la melancolía de las fortunas perdidas, la incapacidad de comunicación o la elusión de los problemas, la compleja red amorosa de las personas comunes y el aburrimiento que se desarrolla cuando los sujetos no van hacia ninguna parte.